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4 de maig 2010

El flautista blanco.

Aún no he llegado ha entenderlo…

En Maputo me acostumbré a que los niños me llamaran continuamente “mulungu” (blanco). Como parte del juego aprendí a decir en shangan “mina ni mulungu, wena ne mulandi” (yo soy blanco, tu eres negro), pero no sirvió de mucho, se reían y miraban entre si, que el mulungu dijera algunas palabras en shangan no pasaba de anecdótico. Me fui de Maxaquene A igual que como llegué: con una legión de crios siguiéndome.

En Malawi la historia siguió: “azungu” fue la variante local. De pueblos donde dudo que un blanco haya estado en años salían niños tras el ciclista blanco (o sea, yo) con una idea clara: tiene dinero y con las palabras adecuadas y un poco de suerte puede que afloje algo. No importa que este a 200 metros, no importa que vaya en bicicleta, no importa que ya se aleje… hay que gritar, correr, saltar, mostrar la mejor de las sonrisas o las mas tristes ojos, pero ante todo HAY QUE INTENTARLO.

Tanzania, Uganda, Kenya… la cosa nunca mejoró y llegué a odiar el sonido “muzungu” (swahili), con el alivio de saber cuando veía camisetas con la leyenda “My name is not muzungu” que no era el único que pasaba por esa situación. En Maralal, Kenya, el día de la carrera de camellos, cuando iba hacia el Lodge de la organización me crucé con dos niños de unos 4 años que bajaban por una pequeña colina que descendía por la derecha con los brazos en alto y repitiendo alegremente: mu-zun-gu, mu-zun-gu!!. La escena me pareció bastante cómica así que corrí hacia ellos para hacerles alguna gracia: huyeron muertos de miedo en medio de lloros…

Una muestra de como una simple cámara de fotos es capaz de inmovilizar a 14 niños!

Y con este historial llegamos a Ethiopia. Aquí soy un “farengi”. Al principio a los blancos aquí los llamaban “italianos” ya que son con los que mas contacto tuvieron durante la época colonial. Pero desde que los franceses construyeron la línea férrea entre Addis Ababa y Djibuti, rápidamente se popularizó “french” y de ahí la amharización de la palabra en “farengi” (a veces te llaman “you”, pero tan alto y repetido que no le cuesta mucho acabar siendo igual de odioso). La cosa es que hará unos días estaba tranquilamente sentado en el dique de una presa tras haber estado inspeccionando la zona del proyecto que queremos realizar. Había quedado a las 12 con Ángel para que me recogiera con el coche, pero se estaba retrasando un poco. En los escasos 15 minutos que estuve sentado sin hacer nada en especial (lo juroooo!!!!!) conseguí que unos 30 niños se amontonarán a mi alrededor mirándome como si tuviera cuatro brazos, callados, susurrándose cosas al oído. Si me hubieran tirado cacahuetes no me habría extrañado… Llegó Ángel y todos me siguieron hasta el coche, atraídos por un invisible imán de interés y curiosidad.

Todos siguiendo al "farengi".

Reacción habitual cuando el "farengi" se acerca (sobretodo si lleva una piedra en la mano).

Qué representa que soy? ¿Qué historias o mitos se explican de noche a la luz del fuego en los hogares africanos sobre mi piel que provoca esta mezcla de admiración y miedo en los niños? Al igual que el lobo es en Europa la personificación infantil del mal, ¿que papel jugamos los blancos en el ideario africano? ¿Dinero? ¿Poder? Quizás Ángel tenga razón y el primer error es intentar entenderlo. No se que historias contarán ahora, pero puedo imaginarme que en el futuro serán como la que sigue:

“Hace mucho tiempo, existía un poblado africano donde sus gentes vivían en paz con su entorno y trabajaban duro para tirar sus vidas adelante. Un día se presentó al poblado un extraño hombre de piel clara que ofreció sus servicios para eliminar las ratas que según él inundaban el poblado. Estos pequeños animales no eran especialmente abundantes en el poblado por lo que los aldeanos nunca habían interpretado su presencia como un problema e informaron al hombre blanco que tenían otras prioridades como un nuevo pozo o encauzar las aguas del río, que se desbordaba a menudo. Este respondió que ya había formulado un proyecto a la AECID sobre ratas y difícilmente podría cambiar su contenido, así que iba a acabar con ellas igualmente.

Es así que se situó en medio del pueblo con un gran equipo estéreo de potentes altavoces desde donde atronaba una extraña melodía de flauta. Empezó a pasearse por todas las calles del pueblo y los niños al verlo se quedaban asombrados, pues hasta entonces solo habían visto blancos por la televisión. Allí los blancos tenían grandes cantidades de dinero, sus casas eran tan grandes como el poblado entero e iban a todas partes con bonitos coches, así que los niños empezaron a seguir al hombre blanco esperanzados en conseguir algún regalo (los blancos siempre dan regalos decían los adultos) o… quien sabe! con un poco de suerte quizás se los llevaban a su país.

El hombre blanco, confiado de su éxito y ensordecido por la música, en ningún momento miró hacia atrás. Habría descubierto que todos los niños le seguían felices bailando, pero que ninguna rata se encontraba entre ellos, pues al ser africanas estas solo respondían al sonido de los tambores. Se fue alejando del poblado cuando empezó a llover en la zona y justo después de que cruzara el río una gran avenida de agua se precipitó con la mala fortuna que se llevó a todos los niños aguas abajo.

Y fue así que los aldeanos aprendieron a desconfiar del hombre blanco y que la AECID recibió un informe de justificación de proyecto favorable, aduciendo que, según datos oficiales, la tasa de mortalidad infantil por enfermedades transmitidas por ratas en la zona se había reducido drásticamente.”

19 d’oct. 2009

El infierno.

A unos 70 km al nordeste de Nairobi se encuentra la reserva de Hell’s Gate, uno de los pocos parques naturales que puedes visitar sin la necesidad de coche. El acceso se realiza por la ciudad de Naivasha, que recibe su nombre del lago que se encuentra en las cercanías. En sus orillas se encuentran la mayoría de campings y hoteles en los que se alojan los correspondientes turistas desde los cuales las vistas de aguas tranquilas y extensos bosques hacen difícil de creer que a pocos kilómetros se encuentra esta supuesta “puerta al infierno”.

La mejor manera de visitar el parque sin ninguna duda es en bicicleta. Desde su entrada hasta la zona de picnic son apenas 40 minutos en los que te cruzas con manadas de cebras y búfalos bajo un paisaje que inesperadamente se vuelve seco con rapidez y rodeado de escarpados muros de piedra. Una vez en la zona central del parque existen excursiones organizadas al “infierno”, una serie de gargantas excavadas por el agua en la roca con diversas fuentes de agua caliente. Son habituales durante el camino pequeñas columnas de humo debido a la temperatura de esta que motivaron con el tiempo un nombre tan diabólico al lugar.

Diversas vistas de Hell's Gate. A algunos amigos tendrían que resultarle familiares las ultimas dos fotos...

Como podéis ver en las fotos, el sitio tampoco es tan infernal y de hecho a mi me recordó a una de las veces en las que me he sentido mas cerca del cielo. Personalmente creo que el parque se merecería un cambio de nombre, sobretodo porque Kenya tiene una verdadera puerta al infierno: Isiolo.

En la carretera que conduce desde Nairobi a la frontera etíope Isiolo es el lugar donde se acaba el tramo asfaltado. Más allá se extiende un desierto de piedra de unos 600 km que yo no tenía mas remedio que cruzar para acceder a Ethiopia por tierra. La alegría de la carrera de camellos me duro hasta el siguiente lunes, cuando empezó mi particular odisea. Ese día empezó con 9 horas de mini bus hasta Isiolo. Allí los locales me informaron que no había autobuses hasta la frontera (la opción de volver a Nairobi se me presentaba poco apetecible) y que la alternativa era apuntarse a algunos de los camiones que hacen la ruta para abastecer las ciudades del norte. Como la experiencia de Loyangalani no me había parecido especialmente dura decidí unirme al grupo de locales que esperaban al siguiente camión.

Resulta que estos camiones vienen de Nairobi y entran al desierto por la noche, ya que la temperatura hace el viaje mas seguro. De esta forma, el mismo lunes a eso de las 9 de la noche llega el camión de turno y nos subimos todos en plan rebaño. La noche fue horrible. El camión transportaba ladrillos de hormigón que se clavaron en todos y cada uno de los huesos con los que hacia contacto (fue el primer síntoma que había adelgazado bastante desde que salí de Maputo) y la imposibilidad de estirar las piernas (el espacio era limitado) provocó un dolor muscular acentuado. Es fácil deducir que no pegue ojo.

Llegando a Marsabit (y al límite de mi resistencia).

Llegamos a Marsabit a media mañana del martes donde otro camión en algún momento del día partía hacia la frontera. Esta indefinición, típicamente africana, llevo a que estuviera todo el día en un bar cercano a la gasolinera del pueblo a base de Coca-Colas combatiendo el sueño para evitar perder el transporte. Finalmente a eso de las 4 de la tarde aparece el camión. Había mucha mas gente que el día anterior que quería subirse y entre empujones y gritos conseguí hacerme un sitio donde dejé la mochila y me senté encima (mi culo me lo agradeció). Tras unos 30 minutos en colocarnos (evidentemente ahí nadie metía orden) empezamos a esperar para partir. Arranca el camión otra media hora después para recorrer unos 200 metros, parar y decirnos el conductor que tenemos que bajarnos todos pues hay que cargar unas 30 cajas de refrescos. El proceso de bajar, cargar las cajas, volver a subir, colocarnos y arrancar el camión demoró cosa de otra hora, total para hacer otros 200 metros y decirnos el conductor que ahora había que cargar las ruedas de recambio del camión. Ahí empezó el punto de inflexión que decidiría posteriormente el fin de esta aventura. Las siguientes dos horas solo había una pregunta en mi cabeza:

“¿QUE COÑO COSTABA CARGAR LAS JODIDAS CAJAS Y LA MIERDA DE RUEDAS ANTES DE QUE TODOS SUBIÉRAMOS?”

Al cabo de ese tiempo la pregunta cambió a la siguiente:

“¿CÓMO SE DIRÁ EN SWAHILI “LLEVAS DOS HORAS CLAVÁNDOME EL PUTO CODO EN EL OJO Y PESE A TODAS LAS INDICACIONES QUE TE HE DADO SIGUES PASANDO DEL TEMA”?”

Evidentemente las cajas y las ruedas habían limitado el espacio disponible y cualquier centímetro libre era un preciado tesoro. Con todo el tiempo perdido, volvíamos a viajar de noche, tenia hambre, era imposible dormir y ni tan siquiera podía moverme. No se como de cerca estuve, pero la posibilidad de mandar todo el camión a la mierda, bajarme y dormir en el margen de la carretera fue algo que me planteé diversas veces.

Interior del camión hacia Moyale (frontera etíope). En la parte izquierda de la foto de abajo se aprecia el famoso codo.

Las cosas mejoraron algo y llegamos a la frontera hacia las 3 de la madrugada. Aunque costó encontrar un hotel a esa hora finalmente conseguí dormir sobre blando algunas horas y prepararme para cruzar la frontera al día siguiente.

Los cruces de frontera creo que son lo peor de cuando viajas. Para empezar tienes que cambiar el dinero que tienes y eso ya supone una dura negociación con el chico de turno. Los trámites fronterizos son diferentes en cada sitio, así que no hay experiencia que te valga si eres nuevo en ese lugar, vamos, que eres un pardillo. Cuando entras al nuevo país te enfrentas a una nueva lengua (que no conoces) y unos precios que no sabes si son caros o baratos. Si encima no vas a la capital del país (único autobús que cualquier local te puede indicar sin muchos problemas), conseguir información sobre cualquier trayecto es un proceso de sucesivas consultas escogiendo una opción con los dedos cruzados.

En mi caso me dirigía a Jinka, en el valle del Omo. Según los mapas existe una carretera desde la frontera que llega por un camino bastante directo pero yo fui incapaz de encontrar el autobús que hiciera el trayecto (puede que no existiera), así que tuve que subir hasta Hawassa (2 días) para luego bajar de nuevo por otro valle hasta Jinka (2 días mas). Justo al llegar a Jinka conocí a dos francesas que me propusieron compartir un coche de alquiler. Tras 6 días de transportes mi cuerpo pedía descanso a gritos pero era mi única opción para poder ver las tribus que existen por los alrededores así que el domingo fue otra larga jornada (esta en 4x4) para conocer a los Mursis y el lunes finalmente viajar hasta Turmi para asistir a un mercado Hammer.

Yo en Arba Minch. Se puede observar mi falta evidente de peso (ahí llevaba 5 días de transportes) y el hecho, sorprendente por otra parte, que en Ethiopia juegan a futbolín (3 bolas cuestan 6 céntimos de euro!).

Mercado de Jinka. Para acabarlo de arreglar, ese día diluvió...

Huelga decir que el noveno día de todo esto (martes) simplemente no hice nada.

9 d’oct. 2009

No tan tarde...

Curioseando una guía en Malawi descubrí que en el norte de Kenya, a principios de agosto, se celebraba una carrera internacional de camellos, Aún faltaban 4 meses para eso, pero era la excusa perfecta para plantearme el viaje sin prisas, que era precisamente lo que pretendía.

La suerte quiso que en Nairobi conociera a David, una especie de Jesucristo Superstar de Vallecas, que tras estar viajando varios años por la zona ahora trabajaba de guía turístico. (y ha salido en "Españoles por el Mundo", podeis verlo aqui) Conocía a los organizadores de la competición y me escribió una especie de “carta de recomendación” para cuando llegara a Maralal, el pueblo donde se realizaba la competición.

La verdad es que el evento me desilusiono un poco... quizás llevaba esperándolo desde hacia demasiado tiempo y le había puesto unas expectativas demasiado altas. Ya viajando por Kenya estuve preguntando y me di cuenta que en el propio país no era un acontecimiento especialmente famoso (por no decir nada). Una vez en Maralal vi que el lodge que organizaba la carrera se encuentra a unos 4 Km. del pueblo y es allí donde se concentran todas las actividades. De esta manera cumplir con el slogan que había establecido la organización (algo así como “Por la promoción del turismo en Maralal”) se hacia difícil pues la mayoría de los extranjeros que asistieron a la carrera, casi todos expatriados que trabajan en Kenya, se quedaron en el lodge de la organización y su presencia en el pueblo fue mas bien escasa.

En cualquier caso la carta de David resulto efectiva y el día anterior a la carrera, a la hora de escoger camello (evidentemente tuve que alquilar uno) me ofrecieron uno bastante bueno, aunque con un nombre poco prometedor: Mártir.

El equipo al completo: De mas a menos importantes tenemos a Martir, el camello, Kenneth, el paje de Mártir que me ayudaba desde tierra a manejarlo y yo.

El sábado a las 9 en la línea de salida para la carrera amateur estábamos un buen grupo de blancos y dos locales. El principio fue un poco desastre y Mártir se resistía a coger un buen ritmo por mucho que yo y Kenneth insistiéramos. Al rato descubrí que los azotes al culo de Mártir eran poco efectivos y que en cambio cantarle parecía gustarle, así que ya me veis susurrándole al camello: tse, tse, tse...!!!

La salida amateur.

Comenzamos a avanzar posiciones y a media carrera iba sexto. La batalla por el quinto puesto fue reñida, yo empezaba a quedarme sin voz y Mártir dio algún problema. Tras ello el cuarto se veia a lo lejos pero poco a poco le ganaba terreno. Lo alcance a unos 100 metros de la meta... y justo entonces Mártir decidió tomarse un descanso!! Por suerte el otro camello tambien se paró y Kenneth y yo fuimos mas convincentes y conseguimos cruzar la linea de llegada en cuarta posición.

Curiosamente los dos locales habian acabado 1º y 2º y solo un inglés me habia precedido. Por la tarde empezaron a circular rumores diciendo que los locales no eran amateurs (de hecho terminaron la carrera unos 7 minutos antes que el ingles y yo) y que quizás serian descalificados. De hecho uno de ellos participó al día siguiente en la carrera reservada a profesionales, delatándose así y siendo descalificado por la organización. El otro tubo mas vista y se quedó en tierra esperando su premio.

Preparandose para la carrera profesional.

Salida de la carrera profesional...


...y llegada. Yo hice unos 10 km en 50 minutos, los profesionales 40 km en 3 hora y media.

El caso es que acabé siendo 3º y participé en la ceremonia de entrega de premios (típico evento africano con políticos y jefes varios que pronuncian discursos sin fin amenizado con danzas tradicionales) recibiendo mi trofeo en manos del mismísimo ministro de turismo junto con un sobre que contenia... 170 €!! Me gasté todo lo que pude en el pueblo (tras 10 dias alli habia conocido alguna gente) y al dia siguiente me fui hacia Etiopía... un infierno de viaje que evidentemente no toca aquí abordar.

El inglés y yo con nuestros pajes, los diplomas y trofeos (estos últimos tuvimos que devolverlos al final de la ceromonia ya que los utilizan cada año. De hecho en el mio ponia: "Maraton 2003, 2ª posición"). Después de tanto tiempo quejandome de que llegaba tarde a los sitios supongo que le he puesto algo de remedio al asunto...

Detalle de unas mujeres turkanas durante la ceremonia de entrega de premios.

Alrededor del lodge que organizaba la carrera se montó una especia de "aldea tradicional temporal" para que los turistas pudieran conocer las tribus de la zona. Aqui un grupo de mujeres turkana cantando.

Típico baile de esta zona de África. Como el de la boda turkana a la que asistí en Loyangalani se divide en dos fases: esta primera seria la fase "baile de patata" todos unidos por las manos en plan comunidad.

La segunda fase seria "corre que te pillo", uno o dos hombres se dedican a perseguir y cortejar a todas las mujeres que osan situarse en el centro.


Curiosidades: Ya en Madrid, le estaba explicando a Javi esta aventura de camellos. Apenas un par de horas mas tarde, en una liberia, le dije: "¿Te acuerdas del colega keniata del español que me hizo la carta de recomendación? ¡¡¡¡Pues sale en la contraportada de este libro de fotagrafia!!!!")

Bueno, la historia continuará (Ethioooooooopia!!!!!), pero eso será otro día. Nos leemos!




7 d’ag. 2009

...y entonces llegué a Africa.

Cuando para llegar a un sitio te pasas tres días buscando un transporte, este resulta ser un camión de mercancías en el que te pasas 15 horas para recorrer la en teoría modesta distancia de 240 km rodeado de sacos de harina y azúcar y briks de leche, significa que vas a un lugar bastante remoto.
Entre Maralal y Loiyangalani. El camino es tan malo que en las subidas el camión no podía con su alma y los pasajeros teníamos que hacerlas a pie.
Lo divertido de ver a las mujeres Samburu es que con esas capas parecen superheroes! En la foto un grupo de ellas de compras en South Horr. Un anticipo de lo que aun tenia por ver...
Como ya dije en el post anterior, el norte de Kenya no es precisamente el lugar mas seguro del mundo... Aquí un grupo de militares que nos cruzamos mientras patrullaban la zona en plan "Comando".
Sin querer desmerecer los lugares que he visitado hasta ahora, reconozco que ninguno de ellos se encuadraba en esa difusa imagen de África que tenia antes de llegar a este continente. Uno se imaginaba una África amarilla y por las fotos habréis visto que abunda el verde (también es cierto que yo he viajado en temporada de lluvias). Piensas en el desierto, las tribus, y aunque vives algún esbozo de todo eso (Serengueti, Moroto, Maralal...) nunca te sientes dentro de un documental de la 2.
Si encontrarse una mujer así por la calle ya tiene su que...
...que se siente detrás tuyo en el bus ya es la hostia!!!
Y entonces llegue a Loiyangalani... Si Zanzibar se podría definir como "bonito que te cagas", Loiyangalani es "brutal hasta la muerte". Es de verdad, lo tocas y tiene forma, te rodea mientras caminas por el y aunque cierres los ojos sabes que sigues allí. Es todo lo que puedo deciros, pienso otras cosas y ninguna se acerca a lo que allí sentí. Espero que las fotos hagan algo de justicia!
A excepción de la calle principal que tiene alguna construcción en bloque de hormigón, la mayoría de Loiyangalani es como la imagen.
A parte de bastante calor, me llamó la atención el fuerte viento que siempre hacia. De hecho conocí a unos ingenieros europeos que planean construir en la zona el mayor parque eólico del mundo en cuanto al numero de turbinas. Ahí es nada...
Las Hot Springs. Es un manantial de agua caliente de origen volcánico que yace a un lado del pueblo que permite su existencia y explica porque yo me duche tan a menudo: AGUA CALIENTE!! No me duchaba con agua caliente desde, desde... ni me acuerdo!!
Niña Turkana. Me sorprendió ver en alguien tan pequeño ya todos los símbolos que identifican a su tribu.
Mas niños, esta vez en el "Five Views", un lugar algo elevado donde se puede contemplar todo el pueblo (y hacer unas fotos brutalessssssssss!!!!!!!)
Joven Turkana. No tengo palabras para decir lo que siento cada vez que veo esta foto...
Tuve la suerte de poder asistir a una boda Turkana que se realizaba a unos 2 km del pueblo. Aunque hacer fotos allí costaba un dinero que yo no iba a pagar algunos de los asistentes me pidieron una foto. Aquí los tenéis con sus mejores galas. Respecto a la boda, explicarlo todo es complicado... un resumen seria: matan a una vaca, se beben la sangre y se ponen todos los jóvenes en circulo a saltar mientras cantan. Si queréis mas detalles me preguntáis la próxima vez que nos veamos, ok?
Acaba la boda y todos para casa!
Yo en medio del desierto a medio camino entre Loiyangalani y una aldea de la tribu de El-molo. Podéis ver el bastón Samburu que me autoregalé por mi cumpleaños.
Son 8 km entre las dos poblaciones (unas dos horas). Yo los hice sin quejarme bajo un sol de justicia ya que mi guía iba con muletas!
Población de El-molo. Es como un Loiyangalani en pequeño. Aquí los locales beben directamente del lago (que es un agua algo salada), lo que les ha provocado bastantes problemas de salud.
La mujer de uno de los jefe de la tribu (hay cuatro en total, uno por casta). Mata el rato haciendo los famosos y coloridos collares típicos del país. Primera curiosidad: Esta zona es también conocida como "la cuna de la humanidad" ya que los restos humanos mas antiguos se han encontrado aquí. Pese a que estos se encuentran en el museo de Nairobi (visita totalmente obligada), la cooperación italiana creyó conveniente construir un mini museo de unos 15 m2 con alguna imagen y herramientas prehistóricas. Encima el museo no esta en el pueblo, sino a 4 km. Si ya cuesta llegar a Loiyangalani, la caminata hasta el lugar te parece un chiste de mal gusto. Otra gran obra de la cooperación, alegremos nos todos juntos!! Segunda curiosidad: Supongo que es normal que en el lugar mas remoto en el que nunca he estado me encontrara la mesa de billar mas rara que nunca he visto...

4 d’ag. 2009

It's nice to sea you again!

Muestra de que mi ingles va mejorando es que ya me salen hasta juegos de palabras!! Incluso a veces me sorprendo hablándome a mi mismo en ingles, que cosas... (frases cortas, que conste, pero algo es algo!!!).

Bueno... Es curioso que viviendo mas de un cuarto de la población mundial en la costa, mi viaje se ha ido desarrollando principalmente lejos de ella. Desde que dejara atras Tanga en Tanzania el 13 de mayo no he vuelto a ver agua salada hasta que llegue a Mombasa el pasado 14 de julio. Esta vez no tengo ninguna gran historia que contaros, solo algunas fotos que mostrar, espero que os gusten!


Y de nuevo el mar!!!! Se nota que he crecido siempre cerca de el porque la verdad es que verlo es sentirse como en casa...


Mombasa. La ciudad vieja recuerda un poco a Zanzibar (y eso siempre es bueno!!), y aunque no sea lo mismo, pasear por sus calles es un agradable pasatiempo para ir viendo la vida pasar.


Callejeando por Old Town en Mombasa.


Fort Jesus, en Mombasa. Habia puesto muchas expectativas en este lugar desde el momento en que salia en las publicidades de para la copa del mundo de futbol de Sudafrica. Tampoco es para tanto...



Entre Mombasa y Lamu se encuentra Malindi, donde pase un par de noches aprovechando que unas keniatas que conoci en Eldoret estaban alli veraneando. El lugar tiene fama de ser "Italianolandia" (un monton de locales hablan italiano aquí), pero supongo que entre el caos post-electoral del 2008 y la crisis financiera han decidido quedarse en casa, porque yo no vi a ninguno.


Partido de fútbol en la playa de Malindi.


Vista general de Lamu. La costa indica africana tiene tres islas famosas por su cruce de culturas (las perlas del indico las llaman). Tras Ilha de Mozambique y Zanzibar, me faltaba visitar Lamu, la tercera. Utilizando lenguaje discotequero, solo puedo decir: "Me quedo con la del medio".


Interior de una de las calles de Lamu.


El pueblo destaca por la arquitectura de las casas y sus muros revocados con coral.


Vistas nocturnas.


Vistas durante el desayuno.


Unos 3 kilometros al norte de Lamu, esta el pequenho pueblo de Sheila. La verdad mucho mas bonito y cuidado!


A que se nota la diferencia?


Tipica embarcación de Lamu (bueno, de hecho lo típico es la madera azul que lleva en el morro...).


El norte de Kenya es una especie de corredor que conecta a los chicos malos de la derecha (Somalia) con los de la izquierda (Sudan), por lo que todos los autobuses van patrullados por militares y policías como los que se ven en la foto.